Cómo construí Roadmade: de Claude Code a Codex
Roadmade no nació de un prompt. Tampoco de un plan perfecto.
Nació de una necesidad que ya tenía antes de abrir ninguna herramienta de IA: quería comprender el proceso UX/UI completo. Venía del diseño web y la identidad visual, conocía muchas de sus partes, pero me faltaba verlas conectadas desde el briefing hasta la entrega.
La idea era sencilla de explicar y bastante menos sencilla de convertir en un producto: reunir un proceso profesional, explicarlo y permitir que cada persona lo adaptara a un proyecto real.
El curso «Crea tus propias apps reales con Claude Code», de tribUX, me dio el contexto para empezar a construir esa idea. El certificado acredita esa formación; no valida Roadmade ni convierte el resultado en algo terminado.

La necesidad vino antes que la aplicación
Contenido
Podía haber creado una checklist rápida de UX/UI. Habría sido más fácil, pero no resolvía lo que yo necesitaba. Una lista dice qué hacer; no necesariamente explica por qué importa, cómo encaja con lo anterior o cuándo puedes considerar que has terminado.
También quería que el método no dependiera de lo que una IA decidiera generar cada vez. El contenido debía partir de prácticas profesionales conocidas y mantener una estructura estable. La IA podría ayudar a adaptar el recorrido, pero no inventarlo desde cero.
Esa decisión condicionó la arquitectura, la forma de presentar las tareas y el papel de la IA dentro de la aplicación.
La primera construcción con Claude Code
Empecé a desarrollar Roadmade durante el curso trabajando con Claude Code.
Yo no llegaba como desarrolladora experta. Llegaba como diseñadora con una necesidad concreta, experiencia en web y muchas decisiones de producto que tomar. No se trataba de pedir «hazme una app de UX».
Mientras la aplicación tomaba forma, fui decidiendo cómo representar las fases y las tareas, qué debía explicar cada una, cómo excluir trabajo sin borrarlo, cómo mostrar las horas y dónde podía ayudar la IA sin apropiarse del criterio.
También había que distinguir una estimación interna de lo que finalmente ve un cliente. El código era una parte. La definición del producto era otra.
La identidad también forma parte de la experiencia
En el proceso aparecieron el nombre, el logotipo y la identidad de Roadmade. Ayudaron a dar coherencia al proyecto, pero no solucionaron automáticamente la interfaz.
Hubo que ajustar jerarquías, iconos, mensajes y estados. Es una lección que conozco bien por el branding: la identidad no acaba en el logotipo. Si Roadmade prometía claridad, cada decisión de la interfaz debía demostrarla.
Probar un proyecto completo cambió más que otra pantalla
Una de las pruebas más útiles llegó al recorrer un proyecto de principio a fin.
En un formulario apareció un error y se borró lo que ya se había escrito. Técnicamente, la validación había detectado que faltaba algo. Desde la experiencia de uso, el resultado era absurdo: la aplicación avisaba de un problema creando otro mayor.
La corrección exigía conservar el contenido, señalar el campo que requería atención y avisar antes de que la persona perdiera su trabajo.
En otra pantalla, las tareas excluidas no entraban en el cálculo, pero todavía parecían disponibles para marcarlas como completadas. El sistema hacía una cosa y la interfaz sugería otra.
Estos fallos también son diseño. Una pantalla puede verse bien y seguir siendo confusa cuando alguien se equivoca o cambia de opinión.
Del producto a la onepage: continuar con Codex
Más adelante continué el trabajo con Codex y construí la onepage actual de Roadmade.
Parecía una tarea distinta, pero explicar la aplicación me obligó a revisarla otra vez. Había que dejar claro que incluye procesos de UX/UI e identidad visual, que las tareas se pueden adaptar, que las horas son una estimación interna y que la IA nunca modifica el proyecto por su cuenta.
Escribir esa explicación fue otra forma de diseñar. Si necesitaba demasiados matices para justificar una función, quizá la función o su interfaz todavía no estaban suficientemente claras.
La onepage no fue solo un envoltorio. Funcionó como una prueba de comprensión del propio producto.

Cambió la herramienta, no la responsabilidad
Claude Code me ayudó a construir la primera etapa. Codex me permitió continuar, revisar y llevar el producto y su presentación a otro punto.
No quiero convertir esto en una comparación de asistentes ni en una historia de velocidad. Ya he contado que usar IA puede añadir más capas al trabajo, no necesariamente quitarlas.
En Roadmade esas capas fueron muy concretas: definir el problema, estructurar el método, probar recorridos, corregir contradicciones, cuidar la accesibilidad y explicar el resultado.
Las herramientas podían proponer código, textos o soluciones. Yo tenía que decidir si respondían a la necesidad original.
Lo que me llevo como diseñadora
Construir Roadmade me ha confirmado que poder producir una primera versión no equivale a tener un producto resuelto. El trabajo importante aparece en las decisiones que conectan una necesidad con una experiencia coherente.
Cuando una interfaz era confusa, no bastaba con explicar mejor mi intención. Había que cambiarla. Cuando una estimación podía confundirse con un precio para el cliente, había que separar ambos conceptos. Y cuando la IA proponía cambios, había que hacer visible que la decisión seguía siendo humana.
No he salido de este proceso pensando que ahora todo es más fácil. He salido con una herramienta real, más criterio sobre cómo construirla y una lista más precisa de lo que todavía quiero mejorar.
En resumen
→ Roadmade nació de una necesidad de aprendizaje y de trabajo, no de un prompt aislado.
→ Claude Code me ayudó a convertir esa necesidad en una primera aplicación durante el curso.
→ Las pruebas reales descubrieron problemas que una pantalla estática no mostraba.
→ El nombre, la identidad, la interfaz y los textos formaron parte del mismo producto.
→ Con Codex continué el trabajo y construí una onepage que también sirvió para revisar qué prometía Roadmade.
→ La IA participó en la construcción; las decisiones y la responsabilidad siguieron siendo mías.
Puedes conocer el resultado actual en Roadmade y leer primero el artículo de presentación de la herramienta. Seguiré contando el proceso sin convertirlo en una historia limpia, porque lo más útil no fue acertar a la primera. Fue saber qué mirar cuando algo no funcionaba.
