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Uso IA cada día y tardo más en mi trabajo

Uso IA cada día y tardo más en mi trabajo. Sobre diseño, criterio y el miedo que casi nadie dice en voz alta.

Llevo meses usando IA en mi trabajo. Claude, ChatGPT, Codex, Google AI Studio, Antigravity, herramientas de código, generadores de texto. Las pruebo, las integro, me peleo con ellas.

Y tardo más que antes.

No es lo que se supone que tendría que decir. Pero es lo que me ocurre. Y cuando lo comento con otros diseñadores, casi siempre pasa lo mismo: asienten. En voz baja, como si fuera una confesión.

uso de inteligencia artificial en diseño y aumento del tiempo de trabajo

¿Nuestro trabajo peligra o se transforma?

Hay dos conversaciones sobre IA y diseño.

Una es la oficial: las herramientas evolucionan, los profesionales se adaptan, siempre ha sido así.

La otra es la que se tiene en privado: ¿y si esta vez es diferente?

No creo que el diseño desaparezca. Pero sí creo que se está transformando de una forma que todavía no sabemos leer bien. Y la diferencia entre “peligra” y “se transforma” importa, porque cambia cómo respondes.

Si crees que peligra, te da miedo y te paralizas.
Si crees que se transforma, te preguntas hacia dónde. Y eso ya es otra conversación.

Lo que sí veo con claridad es esto: el trabajo de producción pura, generar opciones, hacer variaciones, montar maquetas básicas, se está volviendo cada vez más fácil de conseguir y, por tanto, menos valioso. Y el cliente que solo busca eso lo va a encontrar enseguida.
La pregunta es qué hacemos con eso.

¿Rapidez y cantidad antes que calidad?

Probablemente una parte del mercado sí.

Siempre ha habido clientes que prefieren rápido y barato. La IA les da una opción nueva. No nos la quita a nosotros: simplemente nos saca de esa conversación. Y quizá eso no sea tan malo.

Lo que me preocupa más es otra cosa: que la velocidad se convierta en el estándar. Que el cliente que antes valoraba el proceso, el criterio y la iteración ahora espere lo mismo en dos horas. Que la rapidez deje de ser una opción y pase a convertirse en la norma.

Eso sí cambia las cosas. Y todavía no tengo claro cómo va a resolverse.

La IA no me ha quitado trabajo. Me ha añadido capas.

Antes hacía un diseño y era mío. Lo pensaba, lo resolvía y lo entregaba.

Ahora lo genero, lo corrijo, lo regenero, lo exporto, lo retoco, lo ajusto al sistema y lo vuelvo a corregir. Y, además, tengo que saber dirigirlo bien desde el principio, porque si no, lo que sale no tiene nada que ver con lo que necesito.

Lo mismo me pasa con las animaciones. Con el código. Con los textos.

La IA no me ha quitado trabajo. Me ha añadido capas. Y esas capas requieren algo que no se genera con un prompt: saber qué está mal y por qué.

La IA genera. El criterio decide.

Saber si una composición no funciona aunque sea bonita.
Saber si un flujo confunde aunque el cliente lo encuentre perfecto.
Saber cuándo parar de añadir y empezar a quitar.
Saber si lo que se ha generado encaja con la marca, con el usuario y con el contexto.

Eso es pensamiento crítico. Y no sale de la nada. Se construye con años de trabajo real, de proyectos que fallan, de decisiones que luego tienes que revisar, defender o rehacer.

Una persona sin formación o experiencia puede usar estas herramientas.
Lo que no puede hacer igual es dirigirlas.

No sabe qué corregir cuando algo no funciona.
No sabe qué está sobrando.
No sabe prever lo que el usuario va a entender o sentir.

Los profesionales sí. Y ahí, de momento, sigue estando la diferencia.

La accesibilidad: el punto ciego que casi nadie menciona

Hay algo que me llama especialmente la atención cuando reviso lo que generan estas herramientas: casi nunca tienen en cuenta la accesibilidad.

Generan interfaces con contrastes insuficientes.
Tipografías difíciles de leer.
Estructuras que no funcionan con lectores de pantalla.
Flujos que asumen que el usuario ve, entiende y navega exactamente igual que la mayoría.

La accesibilidad no es un detalle estético. Es una decisión de diseño que afecta a personas reales. Y es, precisamente, una de las cosas que requiere criterio, conocimiento y responsabilidad, no solo velocidad.

Cuando un diseñador trabaja con accesibilidad en mente, está tomando decisiones que la IA no toma sola. Está eligiendo quién puede usar lo que diseña. Y eso tiene un valor que todavía no hemos sabido comunicar bien.

¿Pasa solo en diseño?

No.

Los periodistas llevan años preguntándose si la IA va a escribir mejor que ellos.
Los programadores junior ven cómo Copilot genera código en segundos.
Los traductores, los fotógrafos, los ilustradores, los redactores de contenido… todos están en alguna versión de esta misma conversación.

Lo que cambia según el sector es el ritmo. Y en diseño, el ritmo está siendo bastante rápido.

No somos los únicos asustados. Pero tampoco sirve de consuelo saberlo si no sabemos qué hacer con ello.

Lo que me llevo como diseñadora

No tengo una conclusión optimista de manual. No voy a decir “la IA es una oportunidad increíble si la sabes usar” y dejarlo ahí.

Lo que sí tengo es una posición cada vez más clara:

Mi valor no está en lo que produzco.
Está en lo que sé ver.
En las decisiones que tomo.
En el criterio que aplico cuando algo no funciona.

En saber que diseñar bien no es hacer algo bonito rápido. Es entender al usuario, respetar su atención y construir algo que funcione para personas reales.

El miedo no desaparece. Pero se puede trabajar desde él.

En resumen

→ Usar IA no significa trabajar menos. Significa trabajar de otra manera, con más capas y más criterio.
→ El mercado se va a dividir: los que buscan rapidez y los que buscan pensamiento. Nosotros no somos para los primeros.
→ El pensamiento crítico, saber qué está mal y por qué, es lo que diferencia a un diseñador de una herramienta.
→ La accesibilidad es uno de los puntos ciegos más claros de la IA generativa. Y ahí sigue habiendo un terreno clarísimo para diseñadores con criterio.
→ No pasa solo en diseño. Pero eso no resuelve nada si no sabemos cómo posicionarnos.
→ El valor está en lo que sabes ver, no solo en lo que produces.