Del Pantone al prompt: el diseñador como eterno aprendiz
Cuando estudié en Elisava, trabajábamos con papeles Pantone, tijeras y rotuladores. Recuerdo que en clase nos dijeron que los ordenadores «solo serían una herramienta más».
Cuando salí al mercado laboral, solo trabajábamos con ordenadores.
Llevo más de 25 años en diseño. Y esa escena se ha repetido varias veces.

Guía visual sobre la evolución del diseñador: de las herramientas tradicionales al UX y la inteligencia artificial.
De Freehand a Figma: el suelo siempre se mueve
Empecé con Freehand, Quark, Photoshop. Herramientas que en su momento eran lo que había que saber. Luego llegó Illustrator, InDesign, el diseño web, WordPress…
Cada vez que el sector cambiaba, tocaba aprender. No había otra opción.
Pero hay algo que no cambiaba: el proceso de pensar antes de diseñar.
Desde muy pronto entendí que antes de abrir cualquier programa había que hacer otras cosas. Estudiar la competencia. Conocer al cliente. Entender al usuario final. Saber qué problema resolvía el producto. Tener reuniones, iterar, validar. Construir una arquitectura de contenidos antes de tocar ni un píxel.
No sabía que eso tenía nombre. Lo hacía porque tenía sentido.
El día que descubrí que lo que hacía se llamaba UX
Hace no tanto, escuchando el podcast Píldoras UX, empecé a escuchar conceptos que no conocía: arquitectura de la información, usabilidad, jerarquía cognitiva, patrones de navegación, diseño centrado en el usuario…
Y pensé: ¿pero si esto es lo que yo hago?
Lo que yo llamaba «el esquema de la web» se llamaba arquitectura de la información. Lo que llamaba «conocer al usuario antes de empezar» se llamaba research. Lo que llamaba «que se entienda» se llamaba reducción de fricción. Lo que llamaba «reuniones continuas con el cliente para validar» se parecía mucho a un proceso de Design Sprint.
Había un vocabulario entero, un marco teórico, para decisiones que tomaba por criterio y por años de trabajo.
Eso fue un alivio. Y también un empujón. Y, seré honesta, un pelín estresante — porque junto a las cosas que ya hacía había cosas que genuinamente no sabía. Usabilidad con método. Accesibilidad real — no solo «que se vea bien en móvil». Sistemas de diseño. Figma a fondo. Patrones de interacción. Dark patterns. Sesgos cognitivos aplicados al diseño.
Me puse a aprender. Curso de UX de Google. Cursos de Figma. Libros como No me hagas pensar de Steve Krug. Más podcasts. Más lecturas.
Sustituí Photoshop por Figma. Un programa que uso a diario y con el que cada vez me siento más cómoda — aunque todavía me queda mucho por explorar y perfeccionar. Y luego seguí — porque sigo aprendiendo, y probablemente no pare.
Y cuando empezaba a sentirme más segura, llegó la IA
Ahora toca aprender otra capa encima: Google AI Studio, Figma Make, flujos con IA, prompts, automatizaciones…
Y lo más difícil no es aprender una herramienta. Es que no puedes centrarte en una sola. El trabajo te lleva de una a otra antes de que hayas terminado de entender la anterior. Todavía estás procesando una cuando ya hay tres más esperando.
A veces siento que no llego a todo. Que la meta se aleja justo cuando creía que me estaba acercando.
Me quejo — pero a la vez me emociona. Me emociona ver lo que puedo crear ahora, lo que puedo hacer con herramientas que hace dos años no existían. Y al mismo tiempo me da miedo. Miedo a no llegar, a que el ritmo sea demasiado, a quedarme atrás sin darme cuenta.
Supongo que las dos cosas pueden ser verdad a la vez.
Pero esta sensación tampoco es nueva
La tuve cuando salí de Elisava y el mercado ya solo trabajaba con ordenadores. La tuve cuando el diseño web se convirtió en parte del trabajo y había que aprender casi desde cero. La tuve cuando llegó Figma y tocó reaprender flujos que creía que ya dominaba. Y ahora la tengo con la IA.
Y aquí sigo. Aprendiendo. Trabajando. Sin haber parado.
Lo que cambia con los años no es que la incertidumbre desaparezca. Es que aprendes a reconocerla. Sabes que es parte del proceso, no una señal de que estás haciendo algo mal.
Lo que me llevo como diseñadora
Que la experiencia no te vacuna contra la incertidumbre. Te enseña a convivir con ella.
Que muchas cosas que hacía «por instinto» tenían un nombre, un marco y una razón detrás. Aprenderlo no me hizo sentir que empezaba de cero — me hizo entender mejor lo que ya hacía.
Y que en diseño, como en casi todo, quedarte quieta siempre ha sido la peor decisión.
La meta se mueve. Lleva moviéndose desde que empecé. Eso no es un problema. Es el oficio.
En resumen
→ En diseño, el suelo se mueve. Lleva moviéndose desde los Pantones y el Freehand. → Muchas decisiones de UX/UI las tomaba ya — solo sin el nombre ni el marco teórico. → Aprender el vocabulario no es empezar de cero: es entender mejor lo que ya hacías. → La IA no es la primera revolución que vivo en este sector. Probablemente tampoco será la última. → La sensación de «no llego» no es señal de que algo falla. Es señal de que estás en un sector vivo. → Me emociona y me da miedo a la vez. Supongo que eso también forma parte del oficio.
Fuentes e inspiración
— Píldoras UX (podcast): pildorasux.com/podcast — Steve Krug, No me hagas pensar — Curso de Diseño UX de Google

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